7.26.2005

El precio del cobre


La película Tesis, de Alejandro Amenabar, tiene una escena, para mi gusto, notable. La joven protagonista, recibe de su poco protocolar amigo cineasta, un piropo a propósito de su belleza. Ella, halagada, no demora en darle las gracias. Sin embargo, el muchacho le responde gracias ¿por qué?, si aquello, el ser hermosa, no es mérito tuyo.

Algo similar nos pasa con el precio del cobre, a nosotros los chilenos. Hoy estamos casi de fiesta, porque este metal, base fundamental de nuestra economía, acaba de romper un record histórico. Cerró la jornada de ayer en 168,510 centavos de dólar por libra. Sin duda espectacular, por las consecuencias positivas que esto generará para nuestra economía. Pero, parafraseando el citado filme, yo me pregunto, ¿En este resultado, cuál es nuestro mérito como país?

Por favor no se me mal interprete. No pretendo ser un aguafiestas. Reconozco que es un resultado alentador, y que tras suyo, hay muchos años de gestiones exitosas por parte de la empresa estatal CODELCO (Compañía del Cobre). Sin embargo, nosotros como país, no contribuimos en nada a generar el nacimiento de aquel recurso. El azar geológico depositó aquel recurso en las profundidades de la tierra que millones de años después, vendría a ser lo que hoy entendemos como Chile.

Cuál es el punto entonces. Mi foco de atención, dice relación, con que creo que estos positivos resultados económicos, deben ser aprovechados, fundamentalmente para inversión. Hoy requerimos generar un salto cualitativo en materia de desarrollo. No podemos seguir dependiendo exclusivamente de la producción de recursos naturales. Hace casi un siglo atrás, ya tuvimos que lamentar una gran crisis económica, derivada en gran medida, de la pérdida de valor del recurso salitre, en ese entonces principal producto del suelo chileno. No podemos repetir la historia. No podemos volver a vivir , como se titula el clásico de don Aníbal Pinto, un nuevo “Caso de Desarrollo Frustrado”

La inversión pública y privada en educación y en I+D, es el pilar básico para lograr el salto que mencioné. Muchísimos litros de tinta se han vertido con la finalidad de exponer las ventajas de aquella alternativa.

Creo que para ello es indispensable que mejoremos nuestros estándares de calidad tanto personales como organizacionales. Debemos comprometernos con conocer y aprender de las mejores prácticas internacionales, en cada uno de los ámbitos en los que nos desarrollamos laboral o profesionalmente. Debemos comprometernos con mejorar nuestra eficiencia productiva. Debemos ser capaces como país, de generar las reformas macroeconómicas necesarias para incentivar la modernización del sector productivo chileno. Debemos expandir las posibilidades de todos los hijos e hijas de esta tierra, y que estas sean, efectivamente, similares para todos, independiente de su condición de origen.

Todo aquello en su conjunto, será efectivamente nuestro propio mérito. No el de condiciones geológicas primigenias, sino el de los hombres y mujeres que son la Nación de Chile y que están dispuestas a responder a los desafíos que nuestra época implica.