5.10.2005

Sobre volteretas y traiciones


Es más que sabido que, en tiempos electorales, los valores y principios de ciertos candidatos tienden a flexibilizarse. Muchas veces reinan importantes cuotas de pragmatismo en sus juicios y afirmaciones. Plantean ideas que, en tiempos “normales” difícilmente les escucharíamos pronunciar. Todo, por lograr capturar el centro político. Ese segmento del electorado, que en contextos como el actual, termina definiendo las elecciones. Sin embargo, a partir de lo planteado por Joaquín Lavín, me pregunto dónde están los límites morales de aquella costumbre.
Recientemente, el candidato presidencial de la derecha ha planteado que siente “una desafección profunda y una lejanía cada vez mayor” hacia Pinochet. Incluso, manifiesta que de haber sabido los antecedentes que hoy existen sobre el dictador, habría votado “NO” en el plebiscito.
¿Aquella declaración constituye una simple voltereta electoral, o es más bien una franca traición hacia el personaje en cuestión?
¿Hasta dónde el objetivo electoral justifica acciones de este tipo?

En lo personal, me parece un descaro enorme de parte del candidato. Y no se trata en todo caso, de ignorar el derecho básico de las personas de cambiar, de madurar, en fin, de ir siendo otros a lo largo del devenir de la vida. Pero, conociendo su trayectoria, sus opciones valóricas, sus libros, este cambio (Tal vez de allí su lema anterior de campaña) me deja perplejo.

Ahora bien, concediéndole veracidad y credibilidad a sus dichos, sugeriría con el mayor de mis respetos a las fuerzas políticas de la derecha (de las cuales no soy parte), que reevaluaran su carta presidencial. Lavín demoró 17 largos años en descubrir que la opción adecuada era el NO en el plebiscito del 88. Sebastián Piñera, en cambio, en aquella época ya la tenía clara. Me parece pues, que se están equivocando de hombre.